miércoles, octubre 25, 2006

Cumple de Naty

Ayer martes pasé el día con Ine. Desde la mañana temprano en que nos desperamos en un telo hasta la tardecita. Muy tranquilo, almorzamos en el jardín, una ensalada caprese con fideos fríos. Hacía un calor de cagarse así que nos la pasamos chapoteando en la pile. Creo que es el primer día que disfruto sin remordimiento por ser una persona 100% improductiva.
A la tarde me tomé el tren y subte para encontrarme en Retiro con Pablito para ir al cumple de Naty. En la puerta de la Perla nos encontramos con el Bocho, ex de Naty, que nos esperaba para no caer solo.
Una vez en la casa de Naty, nos sumamos a una charla amena y risueña que duró hasta altas horas de la noche. Estaba todo el mundo y me hizo bien verlos. A veces se extraña gente y uno se da cuenta recién cuando las vuelve a ver. Arreglamos con algunas amigas/os que están al divino botón como yo en ir al tigre la semana que viene a pasar un día tranca. No tomé casi nada, así que me fui casi 100 % sobrio. Todos preguntaban acerca de mi viaje y el "cuando te vas?" resonaba en mis oidos cada 15 minutos.
Uno de los atractivos de la noche fue Firulais, el cocker (perro histerico y ladradorporcualquiercosa) de Naty, que se la pasó metiéndose a la pileta para rescatar las pelotas que le tiraban los muchachos. Otro fue el negro y sus proyectos veraniegos. El último incluye ponerse un bar en Praia do Rosa. Parece firme, como todos los suyos al principio.
Volví a mi casa caminando, mientras poco a poco se iba nublando el cielo. No hacía frío pero soplaba un poco de viento. Un par de horas más tarde llovieron soretes de punta y ahora parece uno de esos días de invierno en mardel (no sé por qué mardel, si creo que fui una vez o dos) en los que para sobrellevarlos es menester clavarse una docena de churros rellenos con coca-cola.
Hablando de coca cola, Mechita nos contó que durante su viaje por Marruecos, hasta en los pueblos más perdidos del desierto, donde lo único que había aparte de la arena, eran un par de musulmanes cagandose de calor entre el toldo y la arena, se podía encontrar la bebida más famosa del mundo. Lo mismo contó Sabine de su estadía por cinco meses en el Tibet. No había ni vacunas y reinaba la corrupción de menores, pero la Coca Cola estaba siempre presente.