jueves, noviembre 23, 2006

Como patada en los huevos

La verdad es que como venían las cosas no podían seguir. Parecía que la buena suerte (esa puta que siempre estuvo en mi contra) estaba de mi lado. Me lo creí. Primero entro sin problemas en el vuelo a Washington DUlles, y después encajo en clase business en un vuelo que supuestamente estaba completo. Ahora, una vez en Denver, la suerte mostró sus verdaderos sentimientos para conmigo. Primero, todos los vuelos a aspen, del día y hasta el sábado (estamos a Martes) estaban ocupados, llenos. Entonces le pregunto a la chica si no me puede transferir a Vale, ciudad que queda a unos 50 km de Aspen, y que también es conocida por ser un centro de Sky. Me dice que si, que tengo suerte y que el avión sale en una hora, como el de Aspen.
No lo podía creer. Si bien no iba a caer en Aspen, iba a estar lo suficientemente cerca como para llegar y hacer los trámites pertinentes para que me dejen habitar Marolt, cuyas oficinas cerraban a las 16 hs. Iba a tener tiempo de sobra. Pero... al momento de abordar, me mandaron al avión equivocado, uno que iba a Aspen. Cuando me dí cuenta de esto, ya era demasiado tarde. Bajé y mi avión, el que iba a Vale, estaba arrancando los motores, y carreteando para la pista. Me sentía un pelotudo marca cañón. La chica que me había mandado mal me pide perdón como cuatro veces, y me dice que vaya de vuelta al check in y que pida que me den otro vuelo. Cuando llego me preguntan qué pasó, que cómo me equivoqué de avión, y les explico todo. Ahí, de mala gana me reasignan un vuelo rumbo a Vale para las 14.30. Uno que tenía aspecto de ser "jefe", me dice de mala gana que si me vuelvo a equivocar de vuelo no me subo hasta mañana. Con ganas de mandar a plumas verdes a todo el mundo me fui a hacer tiempo. Faltaban algo más de tres horas para mi vuelo. Las aproveché como mejor pude: compré tarjeta de teléfono, me metí en internet, pedí el tel de Lulú (amiga de mi hna que vive en Aspen), hablé con mi mamá, les escribí mails a mis amigos y a Inés y por último, almorcé un Double Quarter Pounder bajo los arcos de la M dorada. Ahora estoy sentado en el piso, pegado a la "boarding door", tratando de despejarme un poco y de sacarme la mufa de encima. Cuando llegue a aspen y tenga un rato de paz, me voy a la biblioteca donde hay wire-less y subo esto al blog que usaba con Santy el año pasado. Qué gran ausencia carajo.